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Greetings, my dear friends and food lovers! I hope you're having a wonderful day, filled with joy, family, and delicious food. Today, I want to open a window into my home to share one of my family's most cherished traditions: making our hallacas. It's an experience that, beyond the kitchen, is a ritual of love, togetherness, and connection to our roots.
Hallacas aren't just a typical dish; they're the heart of Venezuelan Christmas. Every year, my family gathers to prepare this delicacy, which carries centuries of history, blending Indigenous, African, and European flavors wrapped in a plantain leaf. But what truly makes this moment special isn't just the filling or the dough, but the warmth we feel when sharing this tradition.

As is our custom at home, before we begin assembling the hallacas, we gather around a nice, cold sangria—my mom's favorite—to toast to life, to family, and to the joy of being together for another year. It's a moment of gratitude, when we give thanks to God for the food, for the ingredients we worked so hard to obtain, and for the opportunity to continue celebrating our roots.

This year we decided to add a special touch to the day; we all wore personalized t-shirts with the name "Team Hallacas." It was a detail that brought us even closer together and brought many smiles. Amidst traditional music, Christmas carols, and laughter, we got down to work.

My sisters were in charge of washing and preparing the leaves, as well as tying each hallaca with precision. My mom, like a good team captain, generously added the stew, with the kind of love only a mother possesses. I, with my hands literally in the dough, was in charge of kneading and rolling out each portion with care and patience. I should mention that she only uses the flavored broth she reserves from cooking the beef, pork, and chicken for the dough. She also added a little of the stew's sauce, which gives the dough an even more special touch.

This year we prepared two types of stew, each with its own special touch. One with beef and pork, and the other with chicken, both with olives, capers, and raisins, among other ingredients. The result: about 120 hallacas ready to delight on Christmas Eve, Christmas Day, and New Year's Eve!

Each hallaca we wrap is a story, a memory, a shared laugh. It's the living legacy of those who taught us to love our traditions. It's the flavor of Grandma and the sweetness of Mom. It's an act of love, cooked slowly and seasoned with tradition.
Thank you for joining me on this little culinary and emotional journey. I hope this story inspires you to keep your own traditions alive, to gather with your loved ones, and to celebrate life with flavor and joy.
Happy holidays, and may hallacas, music, and love always grace your table!

The photographs accompanying this post were taken by me with my Samsung A12 mobile phone, capturing every moment with love and joy.
Text translated with the translator Deepl
English Español (Click here!)
¡Saludos, mis queridos amigos y amantes de la buena comida! Espero que estén teniendo un día maravilloso, lleno de alegría, familia y mucho sabor. Hoy quiero abrirles una ventanita a mi hogar para compartir una de las tradiciones más queridas de mi familia: el armado de nuestras hallacas. Una experiencia que, más allá de la cocina, es un ritual de amor, unión y raíces.
Las hallacas no son solo un plato típico, son el corazón de la Navidad venezolana. Cada año, mi familia se reúne para preparar esta delicia que lleva consigo siglos de historia, mezclando sabores indígenas, africanos y europeos en una hoja de plátano. Pero lo que realmente hace especial este momento no es solo el guiso o la masa, sino el calor humano que se siente al compartir esta tradición.
Como de costumbre en casa, antes de comenzar con el armado, nos reunimos alrededor de una buena sangría bien fría, la favorita de mi mamá, ara brindar por la vida, por la familia y por la dicha de estar juntos un año más. Es un momento de gratitud, en el que damos gracias a Dios por los alimentos, por los ingredientes que con esfuerzo conseguimos, y por la oportunidad de seguir celebrando nuestras raíces.
Este año decidimos darle un toque especial a la jornada todas llevamos unas franelas personalizadas con el nombre “Team Hallacas”. Fue un detalle que nos unió aún más y nos sacó muchas sonrisas. Entre gaitas, aguinaldos y carcajadas, nos pusimos manos a la obra.
Mis hermanas se encargaron de lavar y preparar las hojas, además de amarrar cada hallaca con precisión. Mi mamá, como buena capitana del equipo, se dedicó a colocar el guiso con esa generosidad que solo una madre conoce.
Yo, con las manos en la masa literalmente, me encargué de amasar y extender cada porción con cariño y paciencia. Les cuento que para amasar solo use el caldo saborizado que reserve de la cocción de la carne, el cerdo y el pollo. También agregó un poco de la salsa del guiso, esto le da un toque aún más especial a la masa.
Este año preparamos dos tipos de guiso, cada uno con su toque especial. Uno m con carne de res, cerdo y el otro de , pollo, ambos con aceitunas, alcaparras y pasas entre otros ingredientes. El resultado unas 120 hallacas listas para deleitar en Nochebuena, Navidad y Fin de Año!
Cada hallaca que envolvemos es una historia, un recuerdo, una risa compartida. Es la herencia viva de quienes nos enseñaron a amar nuestras costumbres. Es el sabor de la abuela y la dulzura de mamá. Es un acto de amor que se cocina a fuego lento y se sazona con tradición.
Gracias por acompañarme en este pequeño viaje culinario y emocional. Espero que esta historia les inspire a mantener vivas sus propias tradiciones, a reunirse con sus seres queridos y a celebrar la vida con sabor y alegría.
¡Felices fiestas y que nunca falten las hallacas, la música y el amor en tu mesa!
Las fotografías que acompañan esta publicación fueron tomadas por mí, con mi teléfono móvil Samsung A12, capturando cada instante con amor y alegría.
Texto traducido con el traductor Deepl
