Mientras leía, no podía dejar de recordar el tiempo que pasamos con mi sobrino, David, en el hospital de Cumaná. Tal cual como lo describes y narras: se van haciendo relaciones de solidaridad, acompañamiento, apoyo logístico, de limpieza. Recuerdo que aquella habitación del piso 9 fue nuestro hogar compartido por tres largos meses, donde compartíamos comida, dinero, insumos, pero también lágrimas, hombros, manos amigas. Como dice la canción: "¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Abrazos y sanación para tu hermana.
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